Lo que dejamos en el camino muchas veces es un sacrificio, una negación, un deseo de ser diferente y especial, todo para alcanzar objetivos más grandes, duraderos, que sin embargo no siempre se pueden disfrutar al instante.
¿Será la añoranza de lo que "ya no es" algo positivo? ¿o es que desde un principio los proyectos de vida que obligan a abandonar una parte de nosotros están mal planteados?
Me preguntaba mientras intentaba salir de la cama para trabajar... la lluvia me había lanzado todas esas memorias a la cara y me ahogaba con aquellas imágenes en sepia que intentaban volverse coloridas forzándome a dudar.
Hay veces en que quisiera ser lluvia en vez de un día de sol... me remuerde la conciencia al revés, extrañando lo que no es extrañable, recordando lo que nunca pasó.Lo que dejamos en el camino, tarde o temprano nos encuentra en una esquina, nos persigue para lanzarse sobre nuestra espalda.
Lo bueno de todo esto, es que sacrificarse por un bien mayor, o un objetivo, al final siempre tiene una recompensa, o por lo menos, hace descubrir que de no haber desechado pensamientos o sentimientos que eran una traba, se habrían perdido otras tantas experiencias que son más importantes para lograr comprender nuestro proyecto de vida.

Así que, después de sobrevivir al diluvio, decidí aceptar que no es posible dejar mis memorias botadas en un rincón de la casa, o formatearlas como un pc; será mejor guardarlas bien cerca mío para que no vuelvan a molestar, ni me pillen desprevenida haciéndome saltar de asombro la próxima vez que se les ocurra lanzarse encima y sacarme en cara el por qué las dejé en el camino.


