martes 2 de febrero de 2010

Lo que dejamos en el camino


Lo que dejamos en el camino tiene sabor al polvo y a la tristeza de una casa abandonada, pero también a la lluvia en verano: se agradece que los días sean sólo de sol hasta que, cuando llega, uno recuerda qué tan bueno era dormir con el arrullo de las gotas en el techo.

Lo que dejamos en el camino muchas veces es un sacrificio, una negación, un deseo de ser diferente y especial, todo para alcanzar objetivos más grandes, duraderos, que sin embargo no siempre se pueden disfrutar al instante.

¿Será la añoranza de lo que "ya no es" algo positivo? ¿o es que desde un principio los proyectos de vida que obligan a abandonar una parte de nosotros están mal planteados?
Me preguntaba mientras intentaba salir de la cama para trabajar... la lluvia me había lanzado todas esas memorias a la cara y me ahogaba con aquellas imágenes en sepia que intentaban volverse coloridas forzándome a dudar.

Hay veces en que quisiera ser lluvia en vez de un día de sol... me remuerde la conciencia al revés, extrañando lo que no es extrañable, recordando lo que nunca pasó.Lo que dejamos en el camino, tarde o temprano nos encuentra en una esquina, nos persigue para lanzarse sobre nuestra espalda.

Lo bueno de todo esto, es que sacrificarse por un bien mayor, o un objetivo, al final siempre tiene una recompensa, o por lo menos, hace descubrir que de no haber desechado pensamientos o sentimientos que eran una traba, se habrían perdido otras tantas experiencias que son más importantes para lograr comprender nuestro proyecto de vida.

Así que, después de sobrevivir al diluvio, decidí aceptar que no es posible dejar mis memorias botadas en un rincón de la casa, o formatearlas como un pc; será mejor guardarlas bien cerca mío para que no vuelvan a molestar, ni me pillen desprevenida haciéndome saltar de asombro la próxima vez que se les ocurra lanzarse encima y sacarme en cara el por qué las dejé en el camino.

miércoles 23 de septiembre de 2009

La MEMORIA de mi país

Me han pedido que escriba un cuento histórico que narre el 11 de septiembre del 73 en la Usach: Cómo fue que entraron los militares y tomaron el mando de la Universidad Técnica del Estado, que era así como se llamaba en ese tiempo. Me han dicho que escriba desde el punto de vista de los militares. Fue entonces cuando algo comenzó a molestarme muy muy adentro.

Mi familia es más del lado derecho que del izquierdo, y debo confesar que desde chica me han enseñado que el "gobierno" militar hizo muchas cosas buenas por este país. Que si la gente se queja ahora es porque no se ha actualizado. Que la salud, que las pensiones, que la educación. LLevan 20 años echándole la culpa a un muerto que está remuerto y no son capaces de actualizar el pensamiento.
Aún así tengo una hermana que, como nunca vivió con mi padre, fue detenida por sus tendencias rojas. La pasó mal, sufrió. Odió todo lo que tuviera que ver con las fuerzas armadas porque le quitaron la posibilidad de proyectarse académicamente en ese tiempo, por tener que esconderse de unos enfermos nacionalistas y qué se yo cuánta cosa más dirá ella. En general no me cuenta mucho, pero se nota que para ella, así como para la mitad de este país, el "regimen" militar, fue la cagada más grande de sus vidas.

¿Y yo? Yo soy del lado de la negación, de los que no quieren saber nada con el pasado, con la memoria, los derechos del hombre - y nunca nombran a la mujer-, con los detenidos desaparecidos, con el hambre que había en la UP, con la persecusión a los momios y cuánta huevada más se les ocurra nombrar. Y no es que me eche al bolsillo a toda esa gente que pagó el pato, ni esa gente que la pasó mal antes del golpe; es que me colapsa el tener que pensar en algo que no hace más que dividir y sacar roncha.

Me enfermé. Intenté escribir. Me informé al respecto. Y entre más leía, más se me descomponía el estómago... No sé cómo voy a hacer para entregar este trabajo el jueves. De seguro mañana me quedaré hasta la madrugada, intentando meter algun ser fantástico en la historia para no sangrar mientras la tipeo, tal vez le ponga que hasta ahora hay un tesoro escondido, que hay calabozos ocultos con huesos de principio de siglo y vestigios de todas las guerras y trifulcas que ha protagonizado mi querida Universidad.

sábado 18 de julio de 2009

Ambivalente

Debería estar feliz, saltando en una pata, sonriéndole al mundo por tener tantas cosas bellas a mi alrededor. Debería estar pensando en prepararme para salir, disfrutar la noche, escuchar buena música. Debería estar ordenando esta casa antes de que el desorden salga por la puerta. Pero no puedo. Siento un frío rodeando mis manos y pies, y un sueño que no me deja abrir los ojos; una especie de pesadez en el alma que impide esbozar una sonrisa, sardónica aunque sea.
¿Echo de menos a alguien?, ¿Qué es lo que extraño? ¿Por qué no hay manera de retomar el camino?
Intento dejarme abatir, mientras mi razón me lo prohíbe. Intento pasar desapercibida, mientras mi ego hace que grite lo que siento. Intento ser nadie, mientras busco desesperadamente poder definirme. Ambivalencia.
Así que mientras tengo ganas de dormir, desaparecer y no hacer nada aparte de respirar, ordenaré la casa, me maquillaré, buscaré mis zapatos y saldré. Seguro que el humo de cigarro y el gentío harán que me olvide un rato de mí misma.

lunes 1 de junio de 2009

La gota del tiempo

La gota del tiempo se detuvo a medio camino entre el cielo y su destino. Tembló con la brisa y deformó su figura. Era una masa informe y ondulante que no se atrevía a seguir la loca carrera a través del espacio para no perturbar la unión de nuestros cuerpos. Todo parecía vibrar a nuestro alrededor.

El peso y la tibieza de tu piel tocando la mía, accionando cada receptor y saturándolos con sensaciones, me hizo estremecer. No sabía como escapar, y no quería escapar de allí. Eras tú suspendiendo mi tiempo, retardando la inminente caída para que yo pudiera saborear de esa burbuja con cada uno de mis sentidos. Entonces te tomé y te suspendí conmigo.

Cuando la gota no pudo soportar más las vibraciones que intentaban desfigurarla, cedió de manera brusca y nuestros cuerpos sucumbieron. Caímos exhaustos y la gota retomó su viaje. Nuestros corazones desbocados disminuyeron su ritmo. Entonces respiré más lento y acomodé mi respiración a la tuya mientras acariciaba tu espalda.

martes 5 de mayo de 2009

Pánico escénico

Tengo pánico a hablar en público, odio hacerlo. Por eso busqué entre todas las carreras que tuvieran menos que ver con personas y se me atravesó Traducción. Bien, pensé, esto se trata de libros, textos varios... nada que me haga estar frente a un grupo de personas.
Pero se me olvidaba que la vida es interacción. Que en la universidad no sólo enseñan la carrera, sino cómo enfrentarse al mundo. Ya, ya, tampoco taaanto, pero SI algo de eso ENSEÑAN. Y pasa que cuando hacen esas actividades para trabajar con gente o para pararse en frente de una clase, me ataco, me aterro. Me tiembla la voz, me tiritan las manos, se me olvida lo que tengo que decir aún cuando lo haya ensayado mil veces. Comienzo a transpirar. Es desesperante, sobre todo si es en inglés. Aún después de 4 años no he logrado superar ese miedo, si hasta siento que no sirvo para eso. Tengo la leve sospecha de que he errado de carrera cuando me paro frente a un público e intento balbucear algo en inglich.

Hoy fue un mal día. Creí que lo había superado. Iba super bien todo, hasta que me tocó pasar adelante y hablar. Eso, unido a ciertos dramas que he tuve la semana pasada hicieron que colapsara. No di más, simplemente.
Lo nuevo, lo interesante y lo llamativo (con hartos calificativos por favor) es que no fui a esconderme como siempre, no desaparecí. Tuve ganas de tirarme al metro, pero sólo duraron un par de minutos. Llamé a mi novio y decidí que sería mi paño de lágrimas por hoy. Ya una vez lo evité cuando me sentía mal, y terminó él sintiéndose mal por eso. Asi que dije "Elo, hoy serás la niña indefensa, no importa. Es mejor tener a alguien que te consuele, a moquear sola bajo las frazadas en tu pieza".
Y fui. Me preguntó que cómo estaba, y con sólo pensar en decirle cómo me sentía, ya se me cerraba la garganta. TOONTA puis, pero bueno, soy yo. Estuvo intentando tranquilizarme un buen rato hasta que al final se me pasó. Vi el mundo con otros ojos, medio nublado a causa de las lágrimas, y abochornado porque me dio fiebre, pero otros ojos al fin.
No sé si sea bueno o no dejar que las personas me consuelen, me calmen, pero creo que no se siente tan mal; mientras no me acostumbre, todo marchará como debe, y de lo de las crisis de nervios o como se llamen, pues... no sé.